En lo alto de un cerro, vive la solitaria sabina. Entre sus ramas esconde mil secretos de hojas de tela seca que pocos escuchan. La mecen los vientos, la peinan, la cuidan. Sólo el cuervo la visita. A lo lejos se acerca, a la deriva, un pedacito de piel de palmera y en su interior, dormida, viaja la pequeña Halima. Los vientos la llevan. ¿De dónde vienes negrita? ¿Te quedas? ¿Juegas conmigo un poquito? La niña de piel oscura, dos ojos negros que la miran, descubre, ramas que se dibujan, enroscándose en sí mismas, sonidos que lleva el aire, y colores de luz que le devuelven la vida. Ya no está sola la niña, y la Sabina feliz respira. El tiempo se queda quieto y susurran las brisas . Si subes al cerro y escuchas, oirás la historia de la niña Halima que un día, surcó los mares y se quedó junto a la Sabina.









